Soy una eterna estudiante. Me encanta aprender cosas nuevas y tener la capacidad de integrarlas a mi vida, aunque a veces parezca que no tienen nada que ver con la cotidianidad. Terminar la carrera de diseño gráfico todavía es un pendiente que cargo conmigo, en parte por la autoexigencia que me impongo. Hace un tiempo decidí revisar algunos trabajos viejos, mirarlos con otros ojos. Y eso me pasó con este collage.
Fue el primer trabajo que tuve que entregar, y en ese momento la idea me tenía muy entusiasmada. Mi preocupación principal, sin embargo, era cumplir: llegar a la entrega aunque la propuesta no me terminara de convencer. Sentía que le faltaba algo, no estaba satisfecha. Pero había que pasar de etapa. Recuerdo que no lo pensé demasiado: por momentos encontraba la coherencia que pedía el ejercicio y al instante la perdía. La entrega me dejó la sensación de estar hecha en piloto automático. No entendí demasiado la calificación, y las correcciones quedaron en un segundo plano porque, después de todo, estaba aprobado.
Tiempo después me encomendé la incómoda tarea de volver a esos proyectos y revisarlos, pero con otra disposición: dejar de lado la autocrítica feroz con la que muchas veces miro mis propias experiencias y darme la oportunidad de reconocer errores, pero también aprendizajes. El collage estaba ahí: ocho piezas de veinte centímetros cada una, con peso, con fuerza… pero que aún no terminaban de integrarse. Eran ocho hojas que contaban historias muy distintas y que, en el fondo, no llegaban a hablar entre sí.
“No estaba revisando un error, estaba abriendo una puerta.”
Mi primera reacción fue dura: no me gustaba nada lo que estaba viendo. No entendía cómo había sido capaz de entregar un trabajo así, ni cómo había llegado a aprobarlo. Pensaba que, si hubiese sido yo la profesora, me habría calificado con menos nota. Pero después comprendí que no había nada “malo” que corregir: lo que había cambiado era la mirada.
Volver a trabajar sobre él se transformó en un ejercicio muy distinto al que había imaginado. Ya no se trataba solamente de mover elementos o cambiar colores: empecé a escuchar lo que el collage quería decirme. Los elementos reclamaban su lugar y, poco a poco, el ritmo comenzaba a aparecer. Entonces entendí que el problema original no era solamente técnico.
Lo curioso es que tampoco llegué a terminar esa nueva versión. Durante un tiempo avancé, probé, moví piezas y busqué otras relaciones entre ellas, pero después mi mirada volvió a cambiar y yo misma tomé otra dirección. El collage quedó abierto.
Antes eso probablemente me habría incomodado. Habría sentido que tenía otro proyecto inconcluso esperando una resolución. Hoy puedo verlo de otra manera: retomarlo no necesitaba llevarme necesariamente a una versión final. El ejercicio ya había cumplido otra función. Me había permitido mirar algo que había hecho tiempo atrás y descubrir todo lo que yo había cambiado desde entonces.
A veces necesitamos distancia para reconocer lo que antes nos era invisible. Y no siempre volver sobre nuestros pasos significa corregir, rehacer o terminar. A veces alcanza con mirar de nuevo.
Hoy este collage sigue siendo una pieza inconclusa, pero ya no lo veo solamente como un trabajo de facultad que quedó en el pasado. Guarda distintos momentos de mi historia creativa: el de la estudiante preocupada por cumplir con una entrega, el de la diseñadora que volvió a observarlo con otros ojos y el de la mujer creativa que aprendió que no todo proceso necesita cerrarse para tener valor.
Quizás lo más valioso sea aprender a volver sobre nuestros pasos sin sentir que estamos retrocediendo. Poder reconocer cuánto cambió nuestra mirada, incluso cuando el proyecto sigue exactamente donde lo dejamos.
Y tal vez ese sea el verdadero aprendizaje: que nuestros proyectos, igual que nosotros, también pueden quedar abiertos, transformarse o llevarnos hacia otro lugar.
Quizás vos también tengas guardado un proyecto que hoy mirarías distinto. No hace falta terminarlo para que te muestre cuánto cambiaste. ¿Cuál volverías a mirar con otros ojos?
Crear es una forma de viajar

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